A una diputada del PP catalán (me suena como un oxímoron) llamada Montserrat Nebrera se le ocurrió criticar a la vilipendiada y actual ministra de Fomento (por lo visto, también causante del temporal de nieve inusual y de la huelga de la empresa privada Iberia) a propósito de su "acento chulo y que parece un chiste" y de que "no sabe hablar". Se armó un alboroto porque andaluces y no andaluces entendieron que se criticaba el acento andaluz. Se llegó al punto de que su propio partido le abriera expediente (no deja de resultar curioso este castigo cuando todos los días los políticos que nos toca sufrir se ponen a caer de un burro de forma soez y nunca pasa nada).
Y claro, la expedientada intentó desfacer el entuerto aclarando que se había interpretado una cosa cuando ella quería decir otra, que la ministra habla con un "tono chulo". Pues bien, resulta que la gente interpretó exactamente lo que se decía, puesto que cualquier españolito con EGB (ya no me atrevo a decir lo mismo con la ESO) sabe que el acento es la manera de hablar de distintas zonas geográficas. Y tampoco es que usara mal la palabra, puesto que hablar con un acento chulesco también es hacerlo con una entonación chulesca. Lo que pasa es que todos entendemos por acento el primer caso mencionado (el peligro de la polisemia: sirve para hacer chistes y para meter la pata). Y para acentos chulos, el madrileño castizo antes que el andaluz. Mala elección, pues. Especialmente para alguien que acusa a un tercero (¿debería ser segundo?) de no saber hablar.
Pues va a ser que cuando algunos abren la boca hubiera sido mejor que la tuvieran cerrada. Especialmente en lo que toca a nuestro deporte nacional: poner verde al de enfrente en lugar de solventar las diferencias (sí, también incluyo el fútbol). Cuando se hagan las cosas mal habrá que decir quién y por qué, pero resulta más fácil culpar sin acuse de recibo. Se echan de menos las críticas constructivas en política. Y sobran las descalificaciones gratuitas.
Bueno, ésta no le salió gratis a la diputada mencionada.

Viñeta de Vergara en Público.es
Y claro, la expedientada intentó desfacer el entuerto aclarando que se había interpretado una cosa cuando ella quería decir otra, que la ministra habla con un "tono chulo". Pues bien, resulta que la gente interpretó exactamente lo que se decía, puesto que cualquier españolito con EGB (ya no me atrevo a decir lo mismo con la ESO) sabe que el acento es la manera de hablar de distintas zonas geográficas. Y tampoco es que usara mal la palabra, puesto que hablar con un acento chulesco también es hacerlo con una entonación chulesca. Lo que pasa es que todos entendemos por acento el primer caso mencionado (el peligro de la polisemia: sirve para hacer chistes y para meter la pata). Y para acentos chulos, el madrileño castizo antes que el andaluz. Mala elección, pues. Especialmente para alguien que acusa a un tercero (¿debería ser segundo?) de no saber hablar.
Pues va a ser que cuando algunos abren la boca hubiera sido mejor que la tuvieran cerrada. Especialmente en lo que toca a nuestro deporte nacional: poner verde al de enfrente en lugar de solventar las diferencias (sí, también incluyo el fútbol). Cuando se hagan las cosas mal habrá que decir quién y por qué, pero resulta más fácil culpar sin acuse de recibo. Se echan de menos las críticas constructivas en política. Y sobran las descalificaciones gratuitas.
Bueno, ésta no le salió gratis a la diputada mencionada.

Viñeta de Vergara en Público.es






