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jueves, 2 de abril de 2009

Ínfimas condiciones, superlativos conflictivos

Me sigue sorprendiendo que en los telediarios se oigan cosas como "ínfimas condiciones" o "los accidentes de tráfico es la causa de...". Hay que rebuscar mucho para que una condición esté en un lugar muy muy bajo (que es lo que indica ínfimo, superlativo de bajo). Yo creo que valoramos las condiciones por su calidad, o sea, si son buenas o malas. Entendería que se quisiera hablar de la más baja condición social (ahí sí que hay una escala jerárquica en altura), pero si en la noticia se referían a un centro de atención de menores, lo que daba pena era su estado. Las condiciones podían ser salubérrimas o, en el extremo opuesto, completamente insalubres, magníficas o pésimas (lo contrario de óptimas). De hecho, seguramente no reunía ni las mínimas condiciones, y por eso su mala reputación ha trascendido y se ha convertido en un centro celebérrimo, pero en sentido peyorativo, es decir, de lo peorcito que hay, y lo peor de lo peor es lo pésimo. Como aquellas pésimas condiciones.

El avispado lector curtido en gramática habrá detectado que todas las palabras puestas en cursiva (menos bajo) son superlativos, o lo que es lo mismo, la cualidad de un adjetivo en su mayor grado (de rápido, muy rápido o rapidísimo, de rojo, muy rojo o rojísimo, de claro, muy claro o clarísimo y asín sucedáneamente, que diría el genial dúo Gomaespuma). Siempre nos sale algún superlativo cabroncete acabado en -érrimo (los ya vistos, más acérrimo --de acre-- o paupérrimo --de pobre--). Su uso es restringido, puesto que prácticamente los usamos para chinchar al prójimo: "Ah, ¿que no sabías que no se dice pobrísimo, sino paupérrimo? Claro, como no fuiste a colegio de pago...". La culpa de este lío lingüístico es, como casi siempre, de Zapatero... digo de los romanos, por aportar al castellano estas palabrísimas o palabérrimas.

Y para el que ya no se acuerde de los libros de EGB, lo que está en lo más alto (lo altísimo) es lo supremo como lo más bajo (bajísimo) es lo ínfimo; lo más grande (sigan poniendo -ísimos) es lo máximo como lo más pequeño es lo mínimo; por último, lo más bueno es lo óptimo y lo más malo es lo pésimo. ¿A que les suena un poco mal eso de más bueno o más malo (pudiendo decir mejor o peor)? Por eso tampoco suelen decir que esta persona es más grande o más pequeña en edad, sino mayor o menor. Pues hay quien duplica ese más y dice que alguien es más mayor (o sea, más más grande). En correspondencia, también existen pisos más altos que otros o superiores y más bajos o inferiores. Estas últimas cursivas se corresponden con los adjetivos en su grado comparativo. El lío viene cuando decimos que esto o lo otro es de calidad inferior, que no es lo mismo que de peor calidad (como no es exactamente lo mismo bajo que malo). Y peor aún cuando pensamos que algo ínfimo es algo muy pequeño (mínimo), lo que ocurre muy a menudo en los medios de comunicación.

Vamos, que se trata de un problema de graduación, ya que de grados va el asunto. No está tan claro si óptica (al consultar el libro de estilo) o universitaria (de quien elabora el texto), pero los redactores de los telediarios deberían ser más precisos al escoger sus palabros. Respecto a lo de que "los accidentes de tráfico es la causa de..." la reportera no le hubiera metido una patada a la sintaxis si hubiera puesto en plural el verbo es. Que sepa yo, si en algo se puede distinguir a un sujeto es porque está sujetado al verbo por su concordancia, verbigracia (toma palabro que te cagas): "Los accidentes de tráfico son la causa..." de lo que quieras, MariPuri, y quedas como si no te hubiera quedado ninguna pendiente de primero de periodismo.

Todas estas y otras gorrinadas que causa la lengua a los periodistos nos las hubiéramos evitado si los antiguos iberos hubieran plantado cara al romano invasor y estos últimos no nos hubieran metido tanto superlativo, tanta vid y tantas cosas que al cabo de los siglos aparecen rotas impidiendo reurbanizar el centro de la ciudad.

¿Quién sabe? Si no hubieran sido tan listos nuestros antepasados, pues ganaron con la romanización, igual ahora los habitantes de la península hablaríamos euskera y querríamos independizarnos de nosotros mismos. O tempora, o mores!



domingo, 21 de diciembre de 2008

Advierto de que no conoces de lo que hablas

Así me he desayunado, con un titular de Elpais.com en el que el nuevo secretario de ceceoo (para Urdaci, Comisiones Obreras) manifiesta que "Aquí hay mucho opinador que no conoce de lo que habla". Supongo que quería decir que tal opinador no sabía de lo que hablaba, ya que uno no conoce nada o bien conoce algo, poco o mucho de lo que habla. Lucidos estamos si a las primeras de cambio al estrenar cargo los que nos representan hablan así de mal y nos cambian el comportamiento de los verbos o sus complementos. Por cierto, ¿conocen de Ignacio Fernández Toxo, el ínclito secretario?

Por otro lado, completando el titular, proseguimos con el verbo advertir. Resulta sorprendente que durante muchos años las cajetillas de tabaco españolas llevaran una advertencia con más fallos que palabras. Así lo advirtió (se dio cuenta) hace mucho tiempo el filólogo de la Agencia Efe Alberto Gómez Font y lo publicó su actual presidente, Álex Grijelmo, de quien ya hemos hablado alguna vez. Y los dos nos han advertido de (puesto en conocimiento de) los errores de la famosa frase "Las Autoridades Sanitarias advierten que el tabaco perjudica seriamente la salud". ¿Los han advertido? La primera vez que busqué los errores no daba pie con bola, pero ahí va la explicación:
-autoridades sanitarias van en minúscula, por no ser ninguna entidad con nombre propio;
-ya hemos visto la diferencia entre advertir algo y advertir de algo, aunque el uso de este verbo a veces es un poco lioso;
-lo que perjudica no es el tabaco, sino sus miles de aditivos, y más concretamente, fumárselo;
-se perjudica a alguien o a algo, con preposición, aunque en este último caso la preposición a es opcional; Gómez y Grijelmo hilaron muy fino, pero la verdad es que el uso mayoritario es perjudicar a;
-la salud no puede ser perjudicada seriamente (calco del inglés serious) ni alegremente, porque no hay enfermedades serias o alegres; en todo caso son graves, así que se debería decir gravemente.

O sea, que el cartelito de marras debería ser: Las autoridades sanitarias advierten (al público) de que fumar tabaco perjudica gravemente (a) la salud. Tal vez ese de que suene mal si nos dejamos el complemento directo que he añadido entre paréntesis, lo que pasa es que el verbo advertir se usa en otras construcciones como Le advirtió que no invirtiera en Madoff, sin la preposición de y correctísimamente. Pero aquí significa "aconsejar". Y las autoridades sanitarias no pueden aconsejar que fumar tabaco perjudique a la salud. Nos ponen en conocimiento de que es perjudicial.

Vaya lío. Creo que esta vez m'he pasao. Como Madoff.

Viñeta de Peridis en El País.


viernes, 7 de noviembre de 2008

Mamá, quiero ser periodista

Nunca deja de sorprenderme la capacidad de los medios de masas para meter la pata continuamente al dar la información (eso, cuando sea verdadera información). Ya no hablo de faltas de ortografía, palabros inventados o manipulaciones malintencionadas. Esta mañana en el metro leí el siguiente titular: El Consistorio rechaza dos torres de 15 metros en la estación central del AVE.

Seguramente, a estas horas aún no han corregido el error en la edición digital. Lástima de joyas que se fueron a la papelera de la edición impresa. Debería haberme cogido un ejemplar para enseñar a mis alumnos lo que es la coherencia. Claro, unas torres de 15 metros de altura podrían provocar la rotura de las piernas de quien cayera desde su terraza, además de impedir la visión de los bajos de las fincas más próximas, o tapar algún que otro pimpollo.

Tras recuperarme del asombro que me provoca que tras más de diez horas (como poco) nadie haya tomado cartas en el asunto en cierta redacción, se me vuelve a quedar cara de bobo leyendo en el mismo diario (edición digital), que el próximo Renault de Alonso "llevará el ordenador más potente de la F1" [sic]. Pero la noticia no se refiere a un ordenador integrado en el coche, sino de desarrollo de prototipos (cálculo de aerodinámica, de telemetrías, etc.). Cualquiera que esté informado del asunto sabe que los ordenadores que desarrollan los monoplazas ocupan una habitación entera. Vamos, que yo tendría que irme de casa para meter la dichosa computadora. Por lo menos, el cuerpo de la noticia no tiene nada que ver con el titular engañoso. Y menos mal, pues habrá que dar gracias de que este tipo de diarios sean gratuitos incluso en papel, con tanta metida de gamba.

¿Será esa la razón de su gratuidad?

sábado, 27 de septiembre de 2008

Valencia, ciudad de grandes eventualidades

Parte de culpa de la existencia de este blog la tiene Álex Grijelmo (1956), de quien soy asiduo lector (las lectoras convendrán que compenso ligeramente la foto de anteayer de la Igartiburu; sorry, no encontré foto más grande). Sus trabajos sobre el idioma español son muy ilustrativos para cualquier tipo de público. Y justo ayer leí un comentario suyo sobre el uso del palabro evento del que quiero hacerme eco. A propósito, los que residimos por esta zona mediterránea tenemos ya el caracol del oído desenrollado de tantas veces que nos lo han bombardeado con los grandes eventos que aquí tienen lugar. Socialmente está aceptado, porque sí, que un gran evento es un gran acontecimiento lleno de personalidades importantes como Carmen de Mairena o Ana Botella (me quedo con la primera). Pero basta con rascar un poco la palabra para ver cómo se le da la vuelta a las cosas, a veces sin querer y las más veces queriendo.

Si nos preguntamos por los parientes más cercanos del vocablo nos viene a la mente eventual o eventualidad. Desde luego, sí podríamos decir que un trabajador eventual vive de los grandes eventos y, entre uno y otro, del subsidio de desempleo, si procediere.

Pero en realidad un evento es algo que sucede, que acontece, que pasa. O sea, cualquier suceso. Aunque ya nos hemos encargado de que suceso tenga una connotación negativa, cuando en realidad el sentido de "hecho luctuoso" es una de sus últimas acepciones del diccionario. Y sin embargo, la primera es la de "cosa que sucede, especialmente cuando es de alguna importancia". Vamos, que Valencia es la capital de los grandes sucesos. ¿A que eso no les debe sonar tan bien a nuestros políticos?

Por supoto*, cuesta mucho más decir acontecimiento, que es una palabra muy larga. Afortunadamente ¿...?, en el lenguaje de los políticos y los periodistas las contaminaciones del inglés nos ayudan a la hora de simplificar nuestro idioma, vaciarlo de significado y transplantarle otro. Lástima que hayan olvidado que acto, que también vale para los grandes fastos, tiene menos letras que el inglés event o el francés événement (los parientes próximos de los eventos), conque lo del acortamiento y la simplificación ya no es excusa.

De lo que estoy seguro es que muchos ciudadanos participan en un gran evento cuando consiguen aparcar en su barrio, ya que es algo imprevisto, que puede ocurrir (o no), como su hermana gemela eventualidad nos corrobora.

*Por supoto: Locución adverbial chilena (de cachondeo) que equivale al castellano por supuesto. Claro, que poto también son las porciones carnosas y redondeadas de las nalgas. Pues eso.

lunes, 11 de agosto de 2008

Contra entre mientras cuanto

No sé si es que sólo oímos lo que nos interesa --que suele ser asín-- o lo que nos sugieren unos cuantos sonidos. Nos nos hace falta la sílaba dre si se cagan en nuestro pa... y joputa no es el marido de la japuta, ese pez mediterráneo y teleósteo a la par.

A mí, especialista en hablarle al cuello de la camisa, me suele ocurrir cuando me ofrecen algo: pienso y contesto bueno, pero articulo algo así como wno. Lo normal es que entiendan que he dicho no, así que servidor piensa que más vale pronunciar bien que repetir dos veces, pero se acostumbra y vuelve a tropezar con la misma piedra.

Algo parecido debe ocurrir con el uso de muchas palabras que cambiamos de sitio o inventamos por la simple coincidencia de sonidos, la perrería articulatoria o ambas. Jesús Gil ya dejó para la posteridad el adjetivo ostentóreo, que es aparatoso (ostentoso) y causa mucho ruido (estentóreo) al tiempo. He aquí un palabro con todas las de la ley y altamente mediático.

Sin en cambio (que lo he llegado a oir por sin embargo) hay palabras que se resisten a los hispanohablantes como el adverbio cuanto en la expresión cuanto más. Se ve que nuestra perritud nos lleva a conformarnos con el grupo -nt- (cuanto) y de ahí pasamos a contra, entre y mientras. La primera indica contrariedad, así que no pega ni con cola y es el uso que más patadas pega a la gramática: Contra más me arremango el refajo, más tieso tié Salustiano el badajo puede ser aceptable en Villargordo de la Cabramocha, pero más p'acá, como que no. Entre más se dice por centroamérica y Méjico (que, por cierto, aunque se puede escribir México se pronuncia con j puesto que la x representaba antiguamente su sonido; diga megsicano y quedará como un auténtico gringo), pero la preposición entre denota una posición intermedia y como que tampoco, y aun así se oye por estos lares. Por último, se acepta la variante coloquial mientras más, aunque tiene un matiz temporal que no coincide con el valor comparativo de cuanto más prima, más se arrima. Y es que hay primas que no tienen comparación en Oregón...

Habiendo cumplido con la pedorrez semanal, aprovecho para despedirme sin más ni menos (que también lo he llegado a oir) porque me he dejado el gas abierto. Felices juegos olímpicos.